miércoles, 4 de junio de 2008

¿Qué me das si me como el marrón?


Más allá del delito que se le imputa a Rosario Arévalo, ex-consejera de medio ambiente de Castilla-La Mancha cabe preguntarse que es lo que subyace tras los garrafales errores que en ultima instancia causaron la muerte de 11 ciudadanos españoles en el incendio de Guadalajara.

Entre las primeras posiciones del ranking de errores, como de costumbre, aparece el sillonerismo. ¿Cuál era la cualificación profesional de esta sillonaria para gestionar no ya una consejería sino siquiera un negociado de ministerio?

Por una vez, parece que la justicia ha conseguido encontrar la forma de sentar a una sillonaria en el banquillo. Aunque lo más probable es que algún amiguete termine por echarle un cable tal y como parece ser el caso de Dolores Martín Pazo la abogada, presunta asesina de su marido, quien tiene la suerte de ser amiga de la presidenta del tribunal constitucional, Mª Emilia Casas.

Volviendo al caso de la ex-consejera Rosario, recordarán ustedes que, ante la insoportable presión de las evidencias, "se comió el marrón" y para sorpresa de casi todos dimitió de su cargo. Para recordarles el contexto de tal dimisión, aclararé que, si no recuerdo mal, en aquellos días los miembros de los retenes contra incendios de la zona (en su mayoría voluntarios y/o mal pagados) se declaraban en huelga de hambre y la mierda caía a raudales sobre ZP por pasar del tema, continuar sus vacaciones como si nada hubiera pasado y porque cuando finalmente se dignó a aparecer por la zona del siniestro, apenas se atrevió a bajar del helicóptero.

Estas fueron algunas de sus palabras al hilo de la dimisión:

"(...) Las circunstancias me obligan a asumir la responsabilidad política de los acontecimientos. Como sabes, no soy persona que quiera aferrarse a un cargo a toda costa, como he visto que han hecho algunos dirigentes del PP, todos no estamos en política por las mismas motivaciones, porque no todos somos iguales; por ello, yo ahora, después de haber acompañado a las familias de los funcionarios fallecidos y prácticamente controlado el incendio, presento mi dimisión".

Decía que, cuando aún nos frotábamos los ojos ante tan increible comportamiento, tan sólo 40 días después de su dimisión fue diligentemente premiada con un nuevo sillón, un puesto exclusivamente creado para ella, bien remunerado a costa de nuestro riñón: Directora General de Relaciones Institucionales de ENUSA, la Empresa Nacional del Uranio, de capital público, por supuesto.

Pregunta retórica: ¿Dimitirá ahora quien la nombró para dichos cargos?

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