martes, 10 de junio de 2008

¿Por qué España es un país sin ciudadanos?

España, masivamente poblada por gente sometida al poder, por víctimas del clientelismo político y por cobardes sin agallas ni amor a la libertad, se está quedando sin ciudadanos. El problema es que sin ciudadanos no puede haber democracia, ni una sociedad vigorosa y pujante.

La sociedad española está hoy políticamente dividida en cuatro bloques, el último de los cuales es el de los auténticos ciudadanos, la única gente verdaderamente libre y responsable del país, consciente de sus derechos y deberes, con capacidad de análisis y de crítica, que desea participar en los procesos de toma de decisiones, un residuo casi insignificante de personas que, marginadas o acosadas por el poder, se refugia en pequeños grupos y se encuentra casi en peligro de extinción.

Los otros tres grandes grupos son: en primer lugar los militantes, simpatizantes y “hooligans” que pertenecen a un partido político; en segundo lugar las huestes del clientelismo, los muchos que sienten miedo a perder sus privilegios y ventajas, gran parte de ellas provenientes de las administraciones públicas; y el tercero, probablemente el más numeroso, agrupa a los que viven indiferentes a la política o frustrados por la desastrosa marcha de lo público.

"Ciudadano" es la persona celosa de su libertad que, consciente de sus deberes y derechos en democracia, ha decidido autogobernarse, sabe que debe controlar a los poderes públicos, porque sin control suelen desbocarse, y que quiere participar en la toma de decisiones, sin delegar jamás en sus representantes políticos lo que no es delegable: su voluntad.

¿Qué ha ocurrido en España para que se perdiera la noción de ciudadanía, bastante desarrollada, al menos entre las élites cultas y vanguardias conscientes en la etapa final del franquismo? ¿Qué error hemos cometido para que los ciudadanos sean hoy en España una especie casi en peligro de extinción?

Participo en un grupo de reflexión política que practica el debate democrático y que analiza la realidad constantemente. Uno de nuestros temas preferidos es el estudio de la ciudadanía. Y hemos llegado a la conclusión unánime de que el culpable de la casi extinción del ciudadano es el partido político y las élites políticas que controlan esos partidos. Los partidos políticos y los políticos profesionales no sólo son incompatibles con la ciudadanía, sino que actúan como adversarios de los ciudadanos, porque el ciudadanos es el único gran obstáculo que se alza entre ellos y el poder absoluto.

La explicación histórica es más que evidente: al morir Franco, los españoles recibimos la democracia con excesiva ilusión y sin cautela alguna. Era tan intensa nuestra sed de democracia que abrimos nuestra sociedad a los partidos políticos y a los políticos profesionales, que ocuparon todos los espacios vacíos, incluso algunos que les estaban vedados. Como consecuencia, la sociedad civil comenzó a morir estrangulada por el excesivo poder de unos partidos para los que, desgraciadamente, no se establecieron controles ni frenos.

España fue imprudente al abrirse sin cautelas a una democracia que, sin control, tiende siempre a convertirse en una dictadura más. Como consecuencia de esa falta de controles, los partidos han incrementado su poder hasta extremos alarmantes y han invadido territorios prohibidos como los poderes Legislativo y Judicial, la sociedad civil, las universidades, las instituciones, los sindicatos y mil espacios más. Pero la mayor víctima de esa orgía de poder ha sido el ciudadano, hoy convertido en un recuerdo o en una especie en extinción

Fuente: Blog Voto en Blanco martes 10 Junio 2008

1 comentario:

Daniel dijo...

Estoy bastante de acuerdo contigo. Pero creo que el sistema electoral tampoco deja muchas opciones aparte del voto útil en las provincias con pocos escaños y, lo que es peor, hay gente tan fanática de su partido que ha votado, vota y votará siempre a los mismos.